Albano Cruz
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Democracia y significado

La democracia liberal sólo es posible en el campo de la significación, del atributo entregado. Y así pasa lo que pasa con los Derechos Humanos, claro.

Para que las emergencias relativas a los DD.HH. sean atendidas la perspectiva ha de ser la otra. La material. Porque son no-YO, no-Nosotros. Son Los Otros. Y existen y se dan en la realidad material, no en el mito. La atribución prematerial no es de cumplimiento necesaria como hecho concreto, aunque sí lo sea precisamente en su origen, en ese mito.

La desaparición de la tensión entre la igualdad significada y la igualdad material nos lleva a Idomeni, nos lleva  a Grecia, a Libia, a Siria. Nos lleva a la excusa de la intervención, nos transporta al idealismo como suficiencia. A la disonancia alucinada de creer que la atribución de significado conllevará las consecuencias materiales prometidas (os invadimos para llevaros la democracia, la riqueza acumulada de los aristócratas gotea hasta los trabajadores). Esa satisfacción inerte que es lo fabuloso frente a lo material nos libera. Desde la significación no hay vergüenza, no hay culpabilidad. Porque el adjetivo ya lo tienen.

En este caso “refugiados”.

Por nombrarlos lo son. Son refugiados por poderes, por atribución. Y allá los dejemos para que se apañen. Porque son lo que denominamos. Y por eso las democracias europeas no mueven un dedo. Porque sólo reparten calificativos. Sin embargo el armamento, su comercio, sí que se mueve.

El conflicto real jamás es de significación, sino materialista. Nada más material que una bala, un bote de humo o una concertina. Aquí es donde la significación se despista. La diplomacia, la negociación son palabras sobre actos posibles. Sobre la materialidad. Creer que los DD.HH. se cumplen por ser semánticos es de Doctorado en Inopias y Estupideces. Los DD.HH. sólo se defienden desde lo tangible.

Por eso los Estados europeos no pueden realizar esa defensa. Porque lo tangible ha sido reservado para el armamento y el castigo. En todas las otras áreas se han quedado en lo simbólico. Son las empresas las que materializan. Como ejemplos, dos: (a) el asunto FBI-Apple; y (b) que a las catástrofes humanitarias se envían a los ejércitos.

Las democracias liberales sólo tienen sentidos significantes. No reposan sobre el mundo.

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