Albano Cruz
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Germanwings

Cuando la máquina –el algoritmo, el ingeniero, lo social– cubre el 99% de los casos y ocurre el 1%, el humano a cargo es el responsable. Desde la vista de la “mecánica de decisiones” es quien ha fallado. En un informe dirá eso. Porque es el análisis técnico.

A esos informes técnicos no les atribuimos filosofía o reflexión al igual que no se lo atribuimos a una cafetera. Exigirle al informe técnico una desculpabilización ética del piloto es incoherente con el resto de industrialización de nuestra vida. Así que sed conscientes (para que ejerzáis en libertad, sugiero) de vuestra incoherencia y enarbolarla como apuesta, no como verdad.

De nuevo, tras el accidente aéreo de Germanwings (2015), o el de Air France en el Atlántico (2009), está la obsolescencia del Hombre frente a nuestras creaciones. Estamos orgullosos de superarnos a nosotros mismos, avasallarnos, con nuestros ingenios. Pero crucificamos al humano incapaz de vencerlos.

Somos gilipollas.

Pasado un punto de entrega a la máquina, no hay respuesta individual posible. Pedirla es un absurdo. Es como poner un tapón de corcho en una grieta en la presa de Asuán, o correr si te cae una bomba atómica encima. Ya es tarde e irrelevante. Ese es el todo-o-nada de Adorno y el pesimismo de Anders. La grieta o se tapa antes de que exista, o no hay ninguna posibilidad. Es MASIVA. Pero claro, reaccionar frente a lo inexistente pues tiene sus problemas, como por ejemplo la paradoja del pesimista, que dice algo así:

“Si algo no sucede porque se ha prevenido, es como si jamaś hubiera sido posible su existencia”

Así o nos entregamos a la resignación de este determinismo emergente de nuestro control sobre el futuro, o desbaratamos la sociedad moderna. Sea lo que hagamos, ambas opciones es mandarnos a tomar por culo. ¿Alguien concibe alguna otra? Animaos. La necesitamos.

Por eso la –nuestra– tecnología es eliminar posibles mundos (escenarios, que diría un riesgólogo) futuros. ¿Cuántos? Pues todos los que no sean el futuro deseado. Ser humanos, no por esencia sino por práctica, es cepillarse la incertidumbre, es controlar. Somos parte del alimento de la máquina, ya seamos su combustible –Big Data– o su cuerpo –una lavadora, un coche–.

Esa solución absoluta nos arrasa. No pintamos nada frente al mundo delimitado por nuestra tecnología. La única salida es la teología. Una teología de la mentira del control. Así, tenemos el mundo-hecho de @lsmntr, la obsolescencia de Anders, la tecnoreligión de Moebius, mi Mundo Único, y otros más. Ah, y la puta cola eterna de entrada al Infierno, que constituimos, que creemos que ha de ser así, de la que no podemos salir y que nos extingue. Punto. Soy gilipollas. Sois gilipollas. Somos gilipollas.

Resumiéndolo mucho: el fallo SIEMPRE es humano; por definición. Así que no os mosqueéis.

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