Albano Cruz
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Mera adición III

>> Este post tiene una primera parte en Mera adición I. Se recomienda tomar la lectura desde ahí.

>> También hay una segunda parte en Mera adición II.

Inconmensurabilidad

Como se ha visto en el post anterior de la serie, hay un caso en el que dos sociedades no son mensurables entre sí.1 Pues bien, aquellas sociedades que coincidan con el caso resultarán incomparables si el criterio es el ordenamiento comparado entre los individuos de una y otra sociedad. Expresado de otra manera, dos sociedades resultan incomensurables entre sí si una vez ordenados sus miembros, una puede equivaler a una parte de la otra. Y como puede verse rápidamente, dado que la ausencia total de bienestar se puede hallar en todas las sociedades, y que el bienestar máximo también, dos sociedades cualesquiera pueden ser una parte la una de la otra.2

Dos sociedades cualesquiera serán siempre el cuarto caso, y por lo tanto, inconmensurables.

Eso hace que… {1} tengamos que elegir entre renunciar a comparar o establecer un criterio que tenga en cuenta lo anterior; {2} reconozcamos que elegimos comparar para algo,3 puesto que la comparación tiene un sentido, un propósito, y no resulta en el reconocimiento de una propiedad objetiva aunque la tratemos como tal.

El “truco” a realizar es el de una triple abstracción. Primera, y ya apuntado antes, tratar cada sociedad como un individuo al suponer un bienestar homogéneo. Segunda, recurrir a establecer un mínimo común a las sociedades comparadas, esa “vida que merece ser vivida”. Tercera, el incremento poblacional. Tal abstracción permite tratar la interacción entre dos sociedades (que desde ahora llamaremos poblaciones) con independencia de su temporalidad, y al mismo tiempo relacionarlo con los recursos de los que dispone. Esta última relación está escamoteada en el razonamiento cuando se expone al desnudo, en su núcleo. Pero tenemos que atribuir un origen/causa al bienestar, y ahí es cuando los recursos pintan.4 Aunque no nos hace falta ir más allá.

El resultado de identificar una población con un sujeto abstracto hace que podamos comparar poblaciones entre sí, al modo en el que hemos hecho en las entradas anteriores. Este “retorno” a la conmensurabilidad nos evita caer en el cuarto caso. Sin embargo, no hay motivos objetivos sino objetivables para algo así. Este salto es de nuevo moral.5 Hay que recordar también, que el criterio de “una vida que merece ser vivida” no es tanto un criterio de suficiencia, sino de aceptabilidad. También deja al margen la deseabilidad, y ésto es núcleo del asunto. Si resulta que $\Pi_{1} > \Pi_{2}$, puede que acepte cambiar de $\Pi_{1}$ a $\Pi_{2}$, pero no tengo por qué considerarlo deseable. O por lo menos no sin un fin ulterior.

Incremento poblacional

Supongamos que tenemos una población con un estado de bienestar dado, y que este bienestar es entendible como homogéneo.6 Supongamos que ese estado de bienestar es sostenible para esa población. Supongamos que aparece una nueva población, que lo mismo da que sea por inmigración que por nacimiento de una nueva generación. El caso es que se materializa con un menor nivel de bienestar.7

1/ $\Pi_{1}$
2/ $\Pi_{2}$
3/ $\Pi_{1} > \Pi_{2}$

Está claro que la población resultante tendrá una distribución de bienestar irregular, y que parece sensato proceder con una redistribución del mismo ya sea sólo formal o abstracta (por ejemplo calculando la media) o material (por ejemplo con un sistema de impuestos redistributivos), de tal manera que:

4/ $\Pi_{1}, \Pi_{2} \rightarrow \Pi_{3}$
5/ $\Pi_{1} > \Pi_{3} > \Pi_{2}$

Nos es indiferente si esta homogeinización de bienestar es sólo formal o si es material. Hemos asumido que es el procedimiento que vamos a seguir, sabiendo que es la única manera de escapar al caso inconmensurable.

Estar en un entorno limitado, de escasez, puesto que antes del incremento poblacional el bienestar era el máximo que podía obtenerse, hace que el nuevo bienestar sea menor que el que había antes del incremento. Para $\Pi_{2}$ el incremento es deseable, puesto que es un incremento, estando el estado incial y el final por encima del mínimo que hace que merezca la pena vivir. Sin embargo para $\Pi_{1}$ el incremento es negativo. Se “pierde” bienestar. Es en este momento en el que dicha pérdida (o el estado que de ella resulta) ha de ser aceptable. La única manera de que no se dé esta situación de aceptabilidad necesaria es cuando:

6/ $\Pi_{3} = \Pi_{1}$

Que equivale a:

  1. que cuando antes del incremento poblacional había reservas de bienestar suficientes para elevar el bienestar de $\Pi_{2}$ al nivel de $\Pi_{1}$. Pero entonces $\Pi_{1}$ no hubiera estado en su bienestar máximo,
  2. o a que cuando se produce una aceleración de la creación de bienestar, para que el nivel permanezca constante.

En un sistema cerrado la situación es la misma para en ambos casos. No hay incremento del bienestar, sino un reparto dada la limitación total. Nos hallamos entonces en una situación realista. Ante la imposibilidad de una expansión, el incremento poblacional conlleva una reducción del bienestar máximo alcanzable.

Aquí llega lo grave, y lo paradójico. Sucesivos incrementos poblacionales llevan a un sucesivo descenso del bienestar máxima, tanto en cuanto no se pueda producir bienestar para compensar el incremento negativo. Con suficientes iteraciones del proceso obtenemos una sociedad de mayor población, puede que hasta mucha, pero con un bienestar límite con esa “vida que merece la pena”.

Sub-población

Es trivial entender que una población que se desgaje en subpoblaciones con distinto nivel de bienestar es equivalente al incremento poblacional de una supuesta población anterior. Por esta razón el problema de la mera adición puede entenderse también como el problema de la redistribución en una población no homogénea en un momento dado.

La conclusión repugnante no es un problema de un futuro hipotético. Es el cuestionamiento de todo sistema redistributivo, ya que todo sistema económico materializa una moral dada. Al mismo tiempo, manifiesta la idea de justicia tanto como una lectura deĺ reparto del bienestar, como de una intención de la disposición del sistema. Una conclusión importante es que la justicia como redistribución es tanto una descripción como una prescripción primera: ha de ser fijada previa y externamente al sistema económico. Se convierte así en una meta-propiedad no discutible desde la propia redistribución.8

Fugas

Como respuesta al problema de la redistribución, podrían darse las siguientes respuestas desde el propio sistema:

  1. Salto: la superación del límite del sistema para crear bienestar a repartir, ya sea por expansión, optimización, aceleración, etc. Léase esto como conquista territorial, desarrollo de nuevas tecnologías, y similares.
  2. Población fija: el mantenimiento de una población estable respecto a la producción de bienestar, evitando los incrementos (positivos o negativos) respecto al nivel de referencia. Es el control eugenésico sobre la propia población.
  3. Negación poblacional: la negativa a incrementar la población por adición externa. Es el aislamiento.
  4. No-redistribución: es “negar la mayor”. Es tratar la población como la adhesión de clases separadas cada una con un nivel de bienestar distinto, negando la permeación de la redistribución como algo justo.

Desde la perspectiva actual del sujeto (con el paquete supuesto de sus derechos, obligaciones y libertades), las aspiraciones de los Derechos Humanos, y la pretensión de universalidad de algunos valores como la dignidad o lo justo, parece que la única vía razonable es la primera. Parece que el camino a tomar es el del salto. La entrega a una evolución que ya no puede ser expansiva sobre el planeta, pero que puede lanzarse a la optimización, a la aceleración de lo que ya hay.9 Sin ellas no habrá contrapeso posible a la paradoja del incremento poblacional.

1 El caso 4 de la segunda parte.

2 Uno de los efectos de la globalización es precisamente este. Hay individuos de bienestar máximo de libre movimiento (los megarricos, por ejemplo) que participan de una y otra sociedad, haciendo que la diferencia sea el umbral mínimo. Pero puesto que basta un único sujeto en el límite del bienestar, o por debajo de él, para que dos sociedades “quepan” la una dentro de la otra el resultado es el expuesto.

3 No hay escapada que la reflexión sobre el propósito de algo sea un proceso moral, no hay escapada de la Ética. Es preciso negar la objetividad del economicismo a todas luces, tanto de elementos manipulados como de métodos.

4 Ojo, que el ordenamiento del bienestar es un proceso descriptivo, y como tal puede emplearse su aspecto prescriptivo para exponer algo deseable, y como tal fundamentar lo que se guste. Sin embargo, y a pesar de que el bienestar sea una manera de incluir la buena vida en la reflexión, en ningún momento estamos estableciendo causas. Es un enlace arbitrario el vincularlo a los recursos.

5 Quizás pudiéramos pensar(nos) en y con una moral que negara estas comparaciones. Y no, no hay forma de escapar a lo moral como marco. Cosas de ser humanos…

6 Dejando al margen cómo establecerlo, en beneficio del argumento, pero sin tener en cuenta todo lo anterior aunque no olvidándolo.

7 En un sistema finito que se acerca al límite del mismo toda nueva población tiene un menor nivel de bienestar. Sin embargo, el acceso impedido a un nivel de bienestar posible es equivalente. Cualquier forma de exclusión de una población (sea parcial o no) es equivalente a la creación en condiciones de escasez.

8 Esto abre otra indeterminabilidad. Si se establece el sistema como justo haga lo que haga, dicho sistema será siempre justo. Quizás esto ayude a entender por qué las bondades de los sistemas económicos son credos.

9 No tengo tan claro que la conquista planetaria sea una respuesta válida. El desahogo poblacional sería mínimo. Y las “colonias” tan sólo se librarían del problema mientras que su entorno les pareciera inagotable. Por lo tanto, excluyo la expansión como fuga “realista”, si es que cualquiera lo es.

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