Albano Cruz
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Sobre la metafísica

Apuntes a raíz de algunos de los temas surgidos en esta presentación.

Hacer & producir

Hacer es suceder. Es abandonar la neutralidad. La neutralidad es aquello que no cambia, porque si cambia, no es neutral.

$ f(x) \leftrightarrow x$

Es decir, la neutralidad es aquello que deja las cosas como están, y es inobservable. Es una asunción de causa indistinguible del no intervenir en. Expresado de una manera más robusta vendría a ser lo siguiente:

$ [\ x \wedge ( f(x) \vee \neg f(x)\ ) ] \leftrightarrow x$

Quizás estemos llamando hacer/accionar a ese suceder en el que se nos cuela la participación de la agencia. Pero un caso puede pasar (suceder) sin agencia. Así que el suceder neutral no sólo es indiferenciable de la ausencia de cambio, sino que además tampoco es diferenciable del azar que resulta neutral.

Podemos admitir que hacer sea un suceder (hay un cambio) en el que haya una carga semántica sobre los hechos. Cuando un rayo cae, puede suceder un fuego, pero también puede hacer un fuego. La diferencia entre ambos casos está en el lenguaje, en su manera de atribución causal, pero no en los sucesos.

Ahora, ¿qué es producir?

Producir se puede entender/definir como un suceder con atribución causal, que perdura en el presente. Por lo tanto con una relación supuesta con un efecto (un consecuente, la $[B]$ en $[A \rightarrow B]$).1 Es un algo, que una vez hecho, se considera material porque está al alcance. Producir lo es sólo tanto en cuanto al objeto. Esto sitúa lo intelectual fuera de lo posiblemente producido hasta que es plasmado. Porque el lenguaje sólo es producción tanto en cuanto ha dejado de serlo y se convierte en algo a lo que puedo recurrir. Se produce el soporte, no el lenguaje.

El lenguaje es entonces un hacer si lo vinculamos a una agencia, o un suceder sin ella. Pero como tal el lenguaje, que es un proceso, un tránsito, no puede nunca permanecer. El lenguaje no puede ser nunca producido, porque nunca puede ser objeto.2 El lenguaje es un experimentar relaciones, es experimentar referencias.

Visto todo esto, podemos apreciar matices diferenciadores.3

$ \{ \text{suceder} \} \ni \{ \text{hacer} \} \ni \{ \text{producir} \} $

Hay sucederes que no son haceres, y hay haceres que no son “producires”. Otra cosa es si nos lanzamos a atribuciones de valor. Pero en efecto, eso ya es otra cosa.

Pensar es un hacer

Pensar no es producir. Aunque haya una relación posible, claro. Porque aunque para producir el pensar no es necesario, hay producires que entendemos como efectos necesarios de pensares. Hay cambios persistentes que entendemos como fruto de la maestría, de la indiferenciación del artesano, del artista, del pensador profundo, con su actividad.4 Cambios a los que se llega a través de la mera ejecución una vez el hacer ha sido incorporado en el cuerpo. Estos cambios en el mundo no son fruto del pensar. A lo mejor los entendemos como cambios fruto de la intuición, que es una forma de sentir. Pero no son fruto de la reflexión. Para llegar a ese “ahí”, a la maestría, en muchas actividades concebimos que haya un período previo de actividad mental. De pensar, de reflexión, de (auto)observar(se), de control mental del suceder, de práctica consciente.5 La maestría se da cuando nos entregamos al hacer sin pensar, y ese hacer es ordenable como superior.

Está claro que se puede pensar sobre el pensar, pero ¿se puede pensar abandonando el pensar por el hacer? ¿Se puede ser maestro del pensar?

Pensar es un hacer porque pensar no produce cambios en el mundo, salvo entendido como una secuencia de cambios en el cerebro del que piensa.6 Como todo otro hacer, no persiste. No está-ahí para ser accedido. El pensar no puede ser reconstruido, no puede ser re-experienciable. Puede ser recreado, emulado, a partir de la acción que lo ha ligado a alguna forma de persistencia. Pero no puede ser re-secuenciado. Esto abre la puerta a que hacer del pensar también pueda entenderse como efecto de la intuición. Y puesto que las causas de los haceres son imaginadas, lo pensado como intuido puede considerarse fruto de la maestría.

Ahora, así el pensar es como la música. La maestría del pensar se manifiesta al presenciarla. Pertenece al dominio de la estética. Con todos los problemas que eso pueda suponer.

Mientras que la maestría del producir pueda ser creída a través de la percepción del objeto persistente, la de todo hacer sólo puede ser presencial. La maestría del pensar queda recluida en la conclusión del testigo.

De nuevo, aparece la posible confusión entre suceso, persistencia y valor. En una cultura en la que lo persistente sea lo valorado, el pensar queda relegado a valer si produce. Es decir, si forma parte de las causas entendidas como necesarias del objeto. El “genio”, que no maestro, lo es cuando produce cambios atribuidos como persistentes en el mundo.7

Lenguaje & referencia

Tal y como se ha defendido en los textos de realidad y lenguaje, el lenguaje es una actualización sin sostenimiento, o en términos de este escrito, sin persistencia. Es un hacer, que no un producir. El lenguaje no está-ahí. No puede ser mantenido. No puede ser parte de lo material.

El lenguaje es el proceso (las relaciones) de referencia hacia el y sobre el mundo. Pero no es objeto. El lenguaje puede entenderse como un señalamiento, como una orientación. Pero no todo lo señalado por el lenguaje es objeto. Cuando el lenguaje se señala a sí mismo (cuando “habla” de sí mismo), no señala nada más que a una relación. Es aquí donde la diferencia entre objeto y destinatario (“es objeto de atenciones”, por ejemplo) se vuelve crítica. El lenguaje puede ser destinatario de sí mismo, siendo capacidad de la recursividad. Pero no puede ser material. Concebimos transferirlo a un soporte (plasmarlo), y al hacerlo entendemos que lo expresado es uno de los elementos indispensables para la producción del objeto que “contiene”.

Por todo ello, si alguna característica tiene el lenguaje es su impermanencia.8

Lenguaje & tiempo

La impermanencia del lenguaje conlleva un cultivo del mismo, que no puede sino ser social. El lenguaje, el uso del mismo, pasa a ser un elemento de la cultura/tradición del grupo que lo emplea. Es su imprecisión y su juego9 hacen del lenguaje un algo que muta, con independencia de lo material. Siendo el lenguaje la referencia al mundo de quien lo expresa, no hay dos lenguajes iguales. Al ser social, su juego depende de los partícipes del mismo, de su experiencia, de su señalar. Por ello los lenguajes mutan con su uso.

El sol sigue siendo el mismo objeto ahora que hace X años. O por lo menos eso creemos. Sin embargo, nuestras referencias a él han cambiado con el tiempo. Incluso para hablar de lo mismo se adoptan nuevos lenguajes, nuevos juegos. Fijar un lenguaje es fijar esas referencias al mundo. Y eso pasa por tratar de fijar la semántica del lenguaje. Algo imposible si consideramos que la semántica pertenece a la experiencia “interna” del individuo. Por ello el lenguaje fijado sólo puede ser el formal, que en su relación biunívoca con lo señalado o bien pierde su semántica, o bien se reduce tanto que es el perfecto equivalente a lo referenciado.

Fijar el lenguaje es destruir sentidos para sustituirlos por significados unívocos. Es querer hacer coincidir el lenguaje con su soporte. Identificar absolutamente lo dicho el objeto que lo plasma. El lenguaje fijado lo es de signos, no de palabras, no de símbolos.

Hacer & metafísica

Para nosotros, humanos, si un suceder tiene un propósito entonces requiere de una metafísica.10 La concesión de existencia a todo aquello que no sea el presente al alcance es metafísica. La creencia en el pasado, o en el futuro, es metafísica. Creer en las relaciones como reales lo es también. O creer en el lenguaje como un objeto. Para el caso, interesa entender que la posible actualización de un fututo y no otro es una creencia metafísica. Hacer lenguaje sobre lo intangible es hacer metafísica. Creer que lo expresado corresponde a lo que hay, sea presente o no, es eso, creer.

Sin embargo, para que lo social y humano se dé, cierta metafísica ha de ser comunada. Ha de ser compartida. Hay que compartir el propósito de lo que sucede. Sin un cierto grado de coherencia en la acción común, sin una cierta coherencia en el propósito, no hay hacer posible. Incluso cuando el propósito es tan sólo el hacer en el momento, incluso cuando el maestro abandona el pensar se hace metafísica. Porque el hacer sin producir ya es un sentido del hacer y no otro.

Hacer sin producir es una metafísica y no otra. Es una manera de ser de y en el mundo.

Hablar, hablar, hablar

Sin embargo el comunar lo metafísico también pasa por el lenguaje. Por eso hablar, aceptando la mutabilidad del lenguaje (incluso el emplear nuevos juegos para abordar lo inmutable, lo de siempre, lo permanente, lo creído como objetivo/exterior), es un camino/atajo a ese futuro en el que se materializa un suceder visto como coherente, visto como un hacer comunal, como un producir por todos.

No sólo no está de más re-hablar la metafísica de nuestras interacciones, sino que es indispensable para conservar el sentido de lo que sucede. Re-hablar para concluir lo mismo. Re-hablar para concluir algo más. Para recrear. Para revisar.

Re-hablar para negar.

1 Ver los posts sobre el presentismo radical y su relación con el lenguaje aquí.

2 Objeto como material, no como destinatario.

3 Sí, esto es una ordenación arbitraria, pero para el caso nos es útil e ilustrativa.

4 «Estar en el mundo», en inglés: https://youtu.be/Jn3HcJ3vq5E.

5 Todo esto es una manera “adulta” de entender el control de la secuenciación para su dominio, y su “paso” a lo automático, a lo inconsciente. Sin embargo bien podemos considerar el proceso “infantil” de observación e imitación para llegar al mismo punto.

6 Desde una perspectiva estricta materialista, todo hacer produce cambios en el mundo, porque el hacer es el cambiar. La diferencia entre hacer y producir no es el cambio en el mundo, sino la persistencia, que es la continuidad de la verificación del cambio.

7 Y de aquí que el emprendedor de éxito sea un “transformador de mundos”, un revolucionario, un genio. Pero no un maestro.

8 Muy posiblemente relacionada con la imprecisión que ha de tener. Sin dicha vaguedad, el lenguaje habría de presentar una correspondencia caso a caso con el mundo, convirtiéndose en un duplicado de éste. A poco que nos mostremos partidarios de algún tipo de eficiencia en nuestra relación con el mundo, el lenguaje sufre la optimización de ser una aproximación al mundo, una generalización.

9 Véase «Investigaciones filosóficas» de Wittgenstein.

10 Metafísica entendida al menos como aquello que habla de lo que no está presente en el sentido de lo tangible (lo concluido como real por los sentidos), acudiendo al “más allá de lo físico”. Lo que también coincide muy bien con una metafísica indispensable tal como la entiende Tiqqun/Comité Invisible, porque sin imaginar más allá de la acción no hay sentido.

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