Albano Cruz
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Rant & conjuntos

Recopilación (y ligera edición) de tuits sobre Agamben empleando la lógica de conjuntos en «La comunidad que viene».

Abordemos la memez autocomplaciente del día (no, Agamben, no, por ahí no): la fundamentación del límite de lo racional/lógica en las limitaciones de la lógica de conjuntos (M. Gabriel también cae por ahí).

Declarar que la paradoja de Russell permanece a pesar de otras formas de lógica o teorías (como la de tipos) es hacer una atribución de universalidad a la misma, y por lo tanto al caracter fundamental de la teoría/lógica de conjuntos. No, señor mío.

La teoría de conjuntos emplea un concepto emergente de pertenencia, que es una asignación del hecho como objeto y no como producción. Es el estado de pertenencia lo que maneja, y no la participación de (véase qttr.at/1pd8 como alternativa, por ejemplo). Confundir la incapacidad de un lenguaje dado con una propiedad fundamental del lenguaje total humano (o la totalidad de los lenguajes) es como de primero de no-me-entero. Explicado de otra forma, cuando negamos algo o somos terriblemente estrictos y la negación es la negación exacta de ese algo, o se convierte en algo mucho más amplio e indeterminable. Negar algo es también hacer referencia a todo lo que no es ese algo.

¿Cuál es la trampa de Agamben & Co? Pasar olímpicamente de la negación estricta y seleccionar una o dos cosas de ese todo que es lo otro cuando negamos ese algo. Pues no. No mola. Porque resulta convincente para quien por deformación instructiva ha tomado la lógica de conjuntos como la lógica. Y eso es fácil porque parece que hay una correspondencia natural entre los conjuntos y los sets de objetos que tenemos a la mano. En el caso de un estudiante yo diría que estamos en un caso de paralogismo, un error involuntario. Un fallo inintencionado por un discurrir falto de. Pero en el caso de figuras como Agamben o Gabriel el paralogismo se convierte en otra cosa. Se convierte en trampa, o en autocomplaciencia —que es peor—. Por eso la aplicación de conjuntos como si fuera la lógica (primera) revela el esencialismo de quien la emplea como fundamento (positivo o negativo). Ojo, ningún problema en que “dado que la teoría de conjuntos X, entonces puede que Y”. Ninguno. Pero muchos con “dado que conjuntos ¬X, entonces por narices Y”. Ni loco.

A autores como los citados parece escapárseles lo fundamental del señalar, del pointer, del proceso de ser. Y confunden las limitaciones del objeto con las limitaciones de las relaciones, del proceso. Y por ende, del tiempo (de ahí el refugio del esencialismo). Los conjuntos son lo que son. Una lógica parcelaria que tiene sus usos geniales en el campo de lo finito, pero que no soporta bien ni lo transfinito, ni lo recursivo. Pues (¿hola?) hay lógicas aún más fundamentales que sí lo soportan. Como la lógica proposicional libre.

Ay.

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