Albano Cruz
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Posverdad y propaganda

Aprovechando que la SEP ha actualizado su entrada sobre la verdad y para cumplir con una petición recibida, abordaremos algunas de las diferencias entre mentira, propaganda y posverdad.1

Las verdades

Para ello nos aproximaremos brevemente al asunto desde diferentes tipos de verdad, que serán:

Dejaremos de lado la teoría pragmática de la verdad2 o propuestas más abstractas como la que hace Tarski (que se sale de los propósitos de este artículo).

Correspondencia

Comencemos con el ejemplo clásico. Supongamos que está lloviendo. Entonces…

La frase «está lloviendo» es cierta porque está lloviendo.

La declaración (proposición en este caso) es verdadera porque el hecho de que esté lloviendo es verdadero. E innegable. Intentar negar que está lloviendo cuando «es una verdad en sí misma» no tiene demasiado sentido.

En este tipo de verdad enlazamos una declaración sobre el mundo con el hecho que sucede en el mundo. Podríamos decir que es la forma más objetiva de verdad, puesto que está entrelazada a algo que sucede al margen de que la proposición lo señale. Si somos realistas entenderemos que aunque no digamos que está lloviendo, o incluso aunque no estemos ahí para verlo, el hecho será que llueve.

Por supuesto que podemos entrar a cuestionar la declaración con preguntas como “¿qué es llover?”, pero hay que diferenciar muy bien entre cuestionar la declaración, y el hecho al que ésta señala.

Cabe también la posibilidad de rechazar lo que es verdad a través patologizar el asunto. Hacer luz de gas. Porque podemos emplear de forma traicionera el saber que la percepción del mundo no es necesariamente el acceso a lo que hay, sino una conclusión que nos entrega nuestro sistema nervioso. El proceso de percibir que llueve ya es el proceso de concluir que hay un hecho que es el llover. Y sabemos que podemos percibir en falso. Pero en ese caso lo que sucede es que estamos trocando un hecho por otro. Si alucino que llueve, estoy concluyendo en falso que llueve, pero el hecho es que la alucinación sucede. Resumiendo, nuestro señalar estaría equivocado, pero el hecho de señalar ya es un hecho en sí. Que es otra forma de entender ese «cogito ergo sum» de Descartes. Y patologizar es atribuir incapacidad de señalar “correctamente” a aquello que sucede. La frontera entre cuándo sucede la “enfermedad” y cuándo no, es muy fina y difusa, a la par que profundamente social. Y no es tanto un asunto sobre lo que es verdad como un asunto sobre nuestra incapacidad de saberlo.

Si alucino que alucino, de todas-todas estoy alucinando. De esto no me salvo ni aunque la alucinación dentro de la alucinación sea una regresión infinita en plan Inception.

Y aquí cabe mi momento metafísico favorito:

«No hay cuchara, Neo.»

Justo antes de la entrevista con el Oráculo, a Neo le indican que la verdad por correspondencia entre el mirar/pensar lo que hay y lo mirado es un señalar falso. La verdad objetiva/realista es otra. Y le desafían a romper con ella a pesar de que todo el mundo (todos los casos, no sólo las personas) apunten a que la cuchara es objetivamente real. Desafían a Neo a acceder a la-cosa-en-sí.3

Una objeción (pseudo-objeción en realidad) actual a este tipo de verdad suele tirar de la asimilación de la cultura popular de la mecánica cuántica. Se puede responder con mucha brevedad: la física es una verdad por coherencia (ver siguiente punto) que intenta ser la propia frase declarativa sobre el mundo. Al igual que cualquier otro lenguaje, señala al hecho (y además con pretensión predictiva) pero no es el hecho. Por qué acierta a veces no lo entendemos muy bien, pero nuestra incomprensión no implica que la interpretación que hacemos de la declaración sea una explicación sobre lo que suceda objetivamente, una explicación sobre lo señalado.

Resumiendo (y formalizando un poco), porque llueve ($ P $), la declaración «llueve» es cierta ($ \ulcorner P \urcorner $):4

$ P\ \rightarrow\ \ulcorner P \urcorner $

La notación formal hace que sea más rápido y “limpio” reflejar el concepto, y amplía su interpretación porque generaliza la expresión a todo caso que pueda ser referido por $ P $. Digamos que reducimos el señalar a la expresión lingüística menos ruidosa posible. Y además, llegado el momento puede que convierta la declaración en operable.

Pero… ¿qué sucede cuando el señalar es hacia un suceso que no es material?

Coherencia

La verdad por coherencia es aquella que se da en un sistema con reglas estrictas establecidas, y que es verdad porque no puede no ser así en virtud de esas reglas. Vamos con un ejemplo:

$ 2 + 1 = 3 $

El “+1” significa avanzar un lugar en el listado de orden incremental de los números. Significa “pasar al siguiente”, y ese siguiente es el número “3” restricta e inequívocamente porque así hemos definido el “+1” y la secuencia “(2,3)”. No hay otra posibilidad. Así que la declaración es cierta en (el lenguaje de las) matemáticas cuando las reglas de la aritmética son el marco que definen el contexto. Por mucho que nos empeñemos, no hay correspondencia con el mundo material. No puede haber. Los números no son hechos nunca.

La verdad por coherencia es el tipo de verdad que encontramos en los lenguajes formales. Y cuando se da fuera de estos, en realidad es posible porque estamos formalizando aquello de lo que estamos hablando. Estamos estableciendo una relación unívoca entre lo dicho y el comportamiento de lo referenciado. Estamos creando un contexto (a veces muy pequeño) ad hoc en el que esa regla estricta se cumple aunque la propia regla en sí esté escamoteada.

«Estoy aquí.»

Es cierto siempre y cuando ese «aquí» se entienda de forma inequívoca y de la misma manera por las partes que han de evaluar la frase. Podría ser «percibirse el uno al otro» (se puede estar «aquí» incluso con tan sólo oírse en una conversación telefónica) o podría ser «en el lugar acordado». La restricción de las condiciones de cumplimiento formaliza de forma transitoria la comunicación de manera inadvertida, pero lo hace.

Quisiera tocar un ejemplo un poco más abstracto, para mostrar cómo distintos tipos de verdad pueden darse de forma simultánea:

$ P\ \rightarrow\ \ulcorner P \urcorner $

Es a la vez una verdad por coherencia (cumple las reglas que la lógica proposicional impone) y una verdad por correspondencia, porque podría señalar hacia el evento material que $P$ “contenga”. $P$ podría ser “llueve”. En este caso veríamos que los diferentes tipos de verdad no son excluyentes entre sí.5

Un ejemplo de la importancia del contexto/marco para que una verdad por coherencia lo sea lo encontramos en la declaración sobre los triángulos y sus ángulos interiores.

«La suma de los ángulos interiores de un triángulo es 180º.»

Esto es verdadero sobre una hoja de papel (geometría euclidiana), pero para nada sobre la superficie de un globo inflado (geometría elíptica). Sobre el globo siempre es mayor de 180º, pudiendo incluso superar los 360º (encima por mucho, casi 540º).

Manejamos este tipo de verdad como objetivable, dado que su robustez es total dentro del marco adecuado. Pero una vez más, esto no significa que sea tan objetiva como una verdad por correspondencia.

¿Es en matemáticas todo una verdad por coherencia? No. Se intenta, pero hay casos en los que lo expresado es una verdad por consenso. Consenso entre matemáticos (entre pares), claro, pero consenso. Un ejemplo es cuando se trata una conjetura como verdadera. El proceso de probar o refutar una conjetura es convertir la declaración en liza de un tipo de verdad en otro. De consenso a coherencia.

Consenso

Estas son las verdades “sociales”. No hay mucho que explicar, aunque sí podríamos remarcar el hecho de que porque todos coincidamos en algo no lo convierte en “real” (objetivable). Sin embargo sí le damos el valor de verdad que nos permite el ejercicio de la cotidianidad con ello.

«||» son dos rayas

Esta declaración es un consenso estricto, cuasi-formal. Si fuéramos “coherentes” diríamos «hay 1 y 1 raya» o algo similar. Pero tomamos un atajo, porque en suma todos los que entendemos español coincidimos en que «1 y 1» es sustituible por «dos». Asumimos esa equivalencia como algo «evidente en sí mismo». Y lo hacemos de nuevo de forma escamoteada, como al formalizar de manera transitoria un minicontexto.

Cuando Magritte realiza La traición de las imágenes provoca un choque entre esta asunción de la verdad como consenso y la verdad como correspondencia.

Es el tipo de verdad que más empleamos ante la imprecisión del mundo, y la naturalidad con la que lo asumimos nos hace muy vulnerables a que nos den liebre con queso. Muchas verdades por consenso están camufladas como coherencia o correspondencia. Un ejemplo fantástico es…

«Todo es relativo.»

Lo tratamos como una verdad por consenso y sirve para apaciguar, pero no hace falta pensar mucho para darse cuenta de su incorrección, por mucho que atribuyamos la frase a Einstein.

Por último, es relevante realzar que el consenso es útil para, pero que puede estar muy equivocado. Podríamos estar todos de acuerdo en que

«La verdad no existe.»

que es lo mismo decir que

«Es verdad que la verdad no existe.»

que es señalar que al menos existe una verdad, puesto que ha de ser verdadero que existe al menos la verdad de que la verdad no existe. Es el mismo discurrir que con «todo es relativo».

Vale, (podemos objetar que) es llevarse una verdad por consenso al campo de la coherencia. Pero si no realizamos ese pequeño traslado (pequeño en este caso), estaríamos aceptando que «la verdad existe» es una frase que no dice lo que pretende decir. Y esto es un asunto muy distinto al tratado aquí, aunque deja pendiente a quien le interese la cuestión sobre la enhebración de la coherencia en el consenso. Por supuesto, el consenso depende de su contexto. Qué es o no ese contexto es otra cuestión.

Mentiras, propagandas y demás

Dicho todo lo anterior estamos en mejor disposición, y además con brevedad, de abordar la cuestión original, ¿qué diferencia hay entre mentira, propaganda y posverdad?

La mentira

Una mentira es la declaración de algo falso como verdadero. De cualquiera de las verdades.

Así como una verdad por correspondencia es evidente en sí misma, una mentira aquí también es evidente por sí misma. En la verdad como coherencia, una mentira es una falsedad dentro del contexto en el que se expresa. En el caso del consenso, la mentira se desdibuja, porque lo que es verdad bien puede ser difuso, y de la misma manera que el consenso determina qué es verdad, también determina qué es falso.

Desde una perspectiva psicologicista la mentira tiene un carácter intencional. Se pretende hacer pasar por verdad, sea de forma consciente o no. Con este punto de vista podemos diferenciar entre mentira y error.

La propaganda

Personalmente me quedo con la definición de E. Barnays de su libro «Propaganda» que viene a decir:

«La manipulación consciente e inteligente de la opinión y hábitos organizados de las masas es un elemento importante en la sociedad democrática. Quienes manipulan este desapercibido mecanismo de la sociedad constituyen el gobierno invisible que es el verdadero poder gobernante de nuestro país. […] Este es el resultado lógico de la manera en la que nuestra sociedad democrática está organizada. Vastas cantidades de seres humanos han de cooperar de esta forma si han de vivir juntos como una sociedad de funcionamiento suave. […]»

La propaganda es la comunicación que cumple con ese objetivo. Es por tanto intencional, y está dirigida a hacer creer. No es necesariamente mentira, y por lo tanto no entra en conflicto con los tipos de verdad. Puede ser la presentación de un único aspecto de un asunto, silenciando/ocultando los demás (que ocultar algo sea mentir es una verdad por consenso). Pero también puede ser la promoción de una mentira pura y dura. El libro de George Orwell «1984» está lleno de ejemplos de propaganda que son mentiras en cualquiera de sus aproximaciones.

Una capacidad de la propaganda es modificar el contexto que crea una verdad como consenso. Si la propaganda logra terminar por hacer creer comunalmente en una mentira, ha redibujado el contexto a su favor. A favor de quien controla la emisión de los mensajes, claro. Por eso la buena propaganda procura quedarse siempre en el campo de lo consensuado, y no entrar en conflicto con la coherencia o la correspondencia.

Cuando a una fuente de declaraciones (como Trump en el ejemplo de la cantidad de asistentes a su inauguración) no le es relevante entrar en conflicto con la correspondencia (el hecho en sí) o con la coherencia (la forma de contar esos asistentes, por ejemplo) entonces asistimos a un ejercicio de poder en bruto. Lo que es verdad o no pasa a un segundo plano y lo que importa es la obediencia a la autoridad. De hecho una táctica autocrática es incluso el impedir la generación de consenso.6

La pos(t)verdad

El prefijo “post” se emplea (se debería emplear, ¡ay!) para indicar «detrás de, pero presentándose de otra forma».

Se ve bien en el término «postdemocracia». No significa “después de la democracia”, sino el sistema político que presentándose como democracia en realidad funciona de otra manera. Una comunidad que vota, pero cuyo voto tiene el mismo papel que una encuesta de opinión (o menos) y a la que se dice que es democrática, es claramente una postdemocracia. O en el término “postmoderno”, que es aquello que mostrándose como “moderno” en realidad no lo es. Un autor posmoderno sería aquel que presentándose como defensor del procomún lo fuera de un solipsismo radical.7

La postverdad es aquello que siendo presentado como verdad, no lo es. Y si estamos en una distribución binaria de lo verdadero-falso, se convertiría directamente en una falsedad, que proclamada como verdad sería una mentira. Pero no se queda el asunto ahí. Porque aunque una postverdad sea una mentira, hay un carácter diferenciador respecto a la mentira “sencilla” y la propaganda malévola.

La postverdad es sabida como falsa. Es compartida como verdad por todos los involucrados.

En estos términos no es nada nuevo. Un escenario de cartón-piedra es pretendido por todos los partipantes (actores, directores, público) como si fuera de los materiales “mentidos”. Los dinosaurios de «Parque Jurásico» son falsos, pero suspendemos nuestra evaluación de lo que es verdad y nos entregamos a la fantasía de su materialidad. Mi avatar en Twitter (y mi cuenta) no soy yo, pero se trata como una prolongación de mi identidad y se ignora la presencia del interfaz entre usuarios.

La postverdad es fundamental para construir la sociedad espectacular.8 Sin la entrega voluntaria y participación en la suspensión de la consideración de lo que es cierto no hay tal espectáculo.

Si Trump financia su amada muralla con México a través del 20% de gravamen a las importaciones procedentes de dicho país y yo creo que son los mejicanos quienes están pagando (dinero) por el muro entonces soy sujeto de propaganda. Me habré creído la mentira. Sin embargo si sé que el dinero procederá de las empresas americanas que van a tener que abonar un 20% más por traer productos desde México y aún así sostengo (fanáticamente o no) que no son los estadounidenses los que pagan entonces estaremos hablando de la postverdad de la financiación del muro.

Un ejemplo comiquero y a gran escala lo encontramos en The Watchmen. El Dr. Manhattan y Ozymandias mantienen la misma versión de lo sucedido tras la devastación. Porque ambos, sabiendo que la explicación no es cierta, entienden que la mentira que sostienen tiene un propósito útil. Su fin justifica sus medios. Sólo Rorschach se opone.

¿Es relevante?

¿Es relevante la diferencia entre mentira, propaganda y postverdad? Si deseamos entender la actualidad, esta actualidad televisiva y ultramediática, la respuesta es un claro . No en vano la constante suspensión de criterio a la que nos empujan los medios audiovisuales son aplicaciones prácticas de la postverdad. Y a medida que más vamos normalizando (si es que no lo hemos del todo ya como sociedad) esa suspensión, más nos hacemos susceptibles a dar por válido lo compartido como cierto sin que ni siquiera sea consensuado.

Finalizo este artículo con una postverdad muy en boga hoy en día, pieza fundamental de la hiperindividualización espectacular que hemos asumido como verdad en sí misma de lo real:

“Soy un hombre que se ha hecho a sí mismo”

* * *

1 Aunque prefiero escribir postverdad a posverdad, en este artículo comenzaré empleando el término sin la “t” por ser lo más habitual cuando uno lee por ahí…

2 Soy del criterio de que la teoría pragmática de la verdad es más bien una forma relajada de unir correspondencia y coherencia, una forma de unir caso a caso ambas perspectivas. La estimo más útil, pero se sale del objeto del presente texto. Para más información consultar la entrada de la SEP.

3 De una forma simplificada, claro. Porque luego podríamos preguntarnos si el hardware de la simulación de Matrix es la cosa-en-sí. Preguntarse por el objeto-último es una pregunta perfectamente recursiva.

4 Personalmente prefiero una aproximación menos débil. La formulación expresada es muy vulnerable a las limitaciones del condicional. Prefiero optar por: la declaración ($ \ulcorner P \urcorner $) sobre algo es cierta sí y sólo si ($ \leftrightarrow $) es cierto que ese algo sucede ($ P $): $ \ulcorner P \urcorner\ \leftrightarrow\ P$ ; que es ya la verdad de Tarski, y que además puede contenerse a sí misma.

5 Como queda claro sostengo una posición pluralista respecto a la determinación de lo que es verdad.

6 Sugiero leer los ensayos «El laberinto nazi» y «El holocauso y la cultura de masas», ambos de Álvaro Lozano y publicados por la editorial Melusina, para aprender sobre el uso de la contradicción continua por el nazismo como forma de ejercicio de poder.

7 Tal autor en realidad estaría apoyando la tragedia de los comunes bajo la forma de “agentes libres”.

8 Empleo el término “espectacular” en vez “del espectáculo” porque no deseo hacer referencia únicamente al trabajo de Debord. Considero que hay que incluir a autores como Baudrillard, Korzybsky o Borges.

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