Albano Cruz
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Arrival nos condena

[!!] CUIDADO :: SPOILER

Pues no. Arrival no es una película optimista, aunque haya empeño en verla como tal. Puede que sea bonita, y pastelosa, y se tome la licencia de presentar algunas ideas llevadas a la fantasía, como la de dar por válida la hipótesis fuerte de la Sapir-Whorf empujándola incluso a la programación neurolingüística.1 No deja de ser una película de ciencia ficción, y como tal tiene su dosis de falta de restricciones. ¿Pero por qué esa armonía futura tan chachi puede que no mole tanto? Pues porque la película establece que el bienestar social pasa por la pérdida de la libertad individual (entre otras posibilidades posiblemente peores). Veamos el asunto.

Imaginemos, parte 0

La clave del asunto está en el bucle causal, del que hay muchos ejemplos en el mundo de la filosofía,2 la física y la ciencia ficción. El ejemplo clásico es el de la paradoja del abuelo (o abuela), en la que viajamos hacia atrás y matamos a nuestra abuela antes de que conciba a quien sería nuestra madre (o padre). Así en plan rollo «Regreso al futuro». Sin embargo, en este ejemplo podríamos hablar de causalidad material, puesto que en el viaje al pasado hemos cometido actos que forman parte de la cadena de causas que desembocan en nuestro nacimiento. Ahora, podríamos objetar que en «Arrival» no hay tal interferencia de actos materiales. Al fin y al cabo la protagonista no se desplaza de su línea temporal corporalmente.

Sin embargo, el problema no varía mucho, porque ahora no es “quién ha hecho qué”, sino “de dónde sale lo que hace posible que se haga algo”, que además introduce el problema del conocimiento perfecto.

Imaginemos, parte 1

Un día recibes una llamada. Una voz desconocida, de alguien claramente de edad avanzada y vagamente familiar, te cuenta cómo construir una máquina que permite mandar mensajes al pasado. Anotas las instrucciones y construyes la máquina. Cerca del final de tu vida, te das cuenta de que esa voz era la tuya. Y que si no te llamas y te das las instrucciones nadie lo hará. Así que te lo haces. Te llamas a ti mismo al pasado, y te enseñas a construir la máquina.

Éste es el ejemplo habitual de información autocausal. ¿De dónde sale el conocimiento para construir la máquina temporal? El origen de la información para construir la máquina desafía la lógica. Nos obliga o bien a un proceso iterativo infinito:

$$ \dots\ \rightarrow\ Y_j \ \rightarrow\ Y_v \ \rightarrow\ Y_j \ \rightarrow\ \dots $$

O bien a un bicondicional:

$$ Y_j \ \leftrightarrow\ Y_v $$

La primera opción claramente nos crea una secuencialidad, construyendo una línea temporal (el tiempo como cambio) sin principio ni final. La segunda opción refleja mejor la destrucción del tiempo. Aunque la leamos como una doble secuencia, explicita que la direccionalidad de los eventos es cerrada. Y como tal, separada del mundo del que formaban parte.

La primera opción también es un poco más relajada. En su forma no se diferencia de las causalidades infinitas, que es eso que hacemos de niños cuando abrasamos a nuestros padres con un “¿y por qué?” detrás de otro, y que hoy en día podemos concebir sin demasiados problemas.

La segunda sin embargo, y recordemos que hemos imaginado que no es sólo un caso lógico porque la llamada ha sucedido, nos obligaría a asumir la ausencia de una causa ajena a $Y$ (ni siquiera podemos imaginar un algo en los extremos de la cadena), a reconocerla como indeterminable, o a admitir la posibilidad de la generación espontánea de eventos. Algo que poco a poco va perdiendo su extrañeza en el imaginario colectivo gracias a la divulgación de la mecánica cuántica y las descripciones probabilísticas sobre asuntos más cotidianos.

Dicho lo dicho hasta aquí, hacemos la primera pregunta relevante sobre «Arrival»: ¿de dónde sale el conocimiento de Louise sobre la vida del general Shang? Él se lo transmite porque ya se lo había transmitido antes. La confesión en el futuro sucede porque ya había sido hecha en el pasado, y al hacerla en el pasado puede ser hecha de nuevo en el futuro.3 Si jugamos a repetir el proceso estamos en ese primer caso de causalidad infinita, y si lo cerramos, lo separamos del resto de eventos.

Para los que objeten que Louise puede haber percibido un futuro probable hay una respuesta rápida. La película deja muy claro que ella accede a un conocimiento al que no tenía manera de haber llegado antes. ¿Es posible que ese conocimiento se hubiera formado espontáneamente en la mente de Louise? Sí, claro. Igual que se podría haber formado espontáneamente el bucle causal cerrado. E igual que puede que el Universo se haya formado tal y como lo conocemos hace unos pocos milisegundos, en cuyo caso no lo diferenciaríamos de un Universo con una historia milenaria.4 Posible, es posible. Pero no nos ayuda demasiado a explicar (y como paso siguiente, predecir) el mundo.

Y llegamos a esta situación con la siguiente pregunta colgando: ¿era libre Louise de no haber dicho al general lo que le dijo? (¿Soy libre de no fabricar mi máquina de mensajes trans-temporales?)

Imaginemos, parte 2

Queremos usar una máquina dispensadora cuyo interfaz está en un idioma que no conocemos ni de lejos. Ni tenemos pista de cómo se emplea porque no se parece a ninguna máquina dispensadora que hayamos encontrado jamás. Así que cuando estamos frente ella, abrimos nuestro temp-o-matic personal, miramos por el microportal tamaño ventanuco que se abre, y nos vemos a nosotros mismos realizando la operación. Nos fijamos bien, nos la aprendemos, cerramos el portaluco y obtenemos de la máquina lo que queremos.

La pregunta ahora es más precisa. Si sé lo que voy a hacer porque ya lo he hecho en mi pasado (al mirar cómo lo hacía), ¿soy libre de no hacerlo? Porque en lo que respecta a la secuencia de eventos, haber visto cómo lo hacía es equivalente a hacerlo. Referenciándolo así:

- $M$ usar la máquina
- $\neg M$ no usar la máquina
- $S(M)$ saber usar la máquina
- $\neg S(M)$ no saber usar la máquina
- $V(M)$ ver cómo se usa la máquina

la cadena de eventos se convierte de

$$ (\neg S(M) \rightarrow \neg M) $$

a

$$ \neg S(M) \rightarrow V(M) \rightarrow S(M) \rightarrow M $$

Es fundamental entender que cuando se da $V(M)$ se da porque sucede que sucede $M$. Es decir, que se cumpliría

$$ (V(M) \leftrightarrow M)\ \Rightarrow \ (M \rightarrow V(M)) \wedge (V(M) \rightarrow M)$$

y podríamos sustituir $V(M)$ por $M$, quedando

$$ \neg S(M) \rightarrow M \rightarrow S(M) \rightarrow M $$

lo que da lugar a una violación de la causalidad, puesto que se puede ver que no saber usar la máquina implica usar la máquina :

$$ \neg S(M) \rightarrow M $$

cuando en realidad (sigh, ay, la realidad) no saber usar la máquina implica no usar la máquina (la primera fórmula que hemos empleado).

Ahora, el follón

Pues hemos llegado a un punto en el que hemos de reconsiderar nuestros supuestos.

  1. ¿Realmente nos vale el punto de partida (no saber usar la máquina implica que la máquina no es usada)? Una posible consecuencia de ésto es que el uso de la máquina es independiente de si sabemos usarla o no. Usarla no sería consecuencia de nuestro conocimiento (de nosotros).
  2. ¿Podríamos negar la transitividad? Se puede, sí. Pero negar la propiedad que nos permite que $(A \rightarrow B \rightarrow C\ )$ sea equivalente a $(A \rightarrow C\ )$ desbarataría las operaciones que hemos hecho de sustitución, y también nos obligaría a rechazar las cadenas causales.
  3. ¿Qué pasa con la máquina? Que va a ser usada independientemente de si sabemos usarla o no; Sería inevitable que la máquina actúe. No es posible, sino necesario para todo caso. Tanto saber usarla como no, desemboca en que la máquina se pone en marcha. Es aquí donde aflora la idea de destino (haga lo que haga, pasará $x$) y donde como consecuencia se cuestiona esa idea de la libertad que es poder ser causa, o al menos influir discriminadamente, en lo que sucederá. Hay una diferencia sutil con el primer caso. En él, nuestro conocimiento no importa porque el uso de la máquina tiene otra causa que no somos nosotros (incluso podría funcionar de forma aleatoria). En este tercer caso, cualquier cosa que hagamos será causa del funcionamiento de la máquina. El primer caso nos anula como sujetos de. Este tercero nos hace sujetos de lo inevitable.
  4. ¿Qué vemos cuando $V(M)$? ¿Es nuestro propio futuro u otro? Un universo paralelo, una casualidad extremadamente rara pero posible, etc…5

Por supuesto, siempre nos queda la salida de declarar que no podemos aprehender (enunciar, percibir, conocer, formalizar…) lo que realmente sucede. Y quedarnos tan panchos. Esto equivale a aceptar lo sucedido de la misma forma que aceptaríamos que algo es un acto de Dios, o cualquier disparate místico similar. Es encerrar lo sucedido en una caja negra y dejar de preguntarnos al respecto.

Arrival, de nuevo

Las 4 cuestiones anteriores nos llevan por los siguientes derroteros…

  1. Si la máquina es independiente de nuestro conocimiento, y no somos su causa, entonces el general Shang no detiene su ataque por lo que le diga Louise. La causa está en otro lado, y la línea de sucesos presentada en la película sería errónea y/o falsa. La libertad de Louise, como participación en el mundo, se desvanece. Ha sucedido, pero está fuera de la cadena causal. La realidad no es lo que parece.
  2. Si no existe la transitividad, todo lo que sucede son efectos sin causa. O como mucho las cosas son pares de causa-efecto desconectados entre sí. El mundo bien podría ser espontáneo, de azar puro, pero nos parecería ordenado y con causas. De nuevo, como en el caso anterior, viviríamos una realidad falsa.
  3. Si, haga lo que haga Louise, el general Shang detiene el ataque, entonces viviremos un futuro maravilloso de paz y esas cosas. Pero la libertad (o la Libertad) se desvanece. Los actos de repente puede que no tengan sentido salvo el único que tienen, que es su consecuencia única. Elegir es irrelevante y de nuevo el mundo sólo serían consecuencias, porque toda posibilidad desemboca en el mismo evento.
  4. Si Louise ha visto una realidad alternativa, ésta ha dejado de serlo porque es lo que pasará a suceder. En realidad, cuando dos universos posibles entran en contacto dejan de ser dos, y pasan a ser uno sólo porque al menos uno de los dos pasa a aportar causas al otro.5

Aquí nos deja «Arrival» una vez los heptápodos se han ido por donde vinieron. Su lenguaje a-temporal restablece la realidad percibida por nosotros como errónea porque lo veamos como lo veamos, afecta a la causalidad. Ya sea de forma fuerte (la causalidad no existe), o débil (la causalidad sí existe, pero la libertad no).

Así que donde algunos veis una película cifi bonita y esperanzadora, llena de buenos deseos y armonía utópica, algunos vemos la emergencia de un nihilismo contundente. Los heptápodos nos revelan un universo sin sentido. O no participamos de él (las causas son otras, es azar, etc), o participamos pero está predeterminado.

Quizás hubiera sido mejor que los sietepatas se hubieran quedado en su casa.

PS: el problema del conocimiento perfecto señala que si podemos predecir a la perfección el futuro, ese futuro es predeterminado. Y a la porra con la libertad. Por eso un Dios omniscente es la muerte del hombre libre.

* * *

1 La programación neurolingüística carece de la evidencia científica que la respalde. Para más información, se puede comenzar con la bibliografía citada al respecto en la Wikipedia.

2 Sugiero comenzar por… Time Travel en la SEP.

3 Especulación: si el general Shang aprende en un futuro posterior al de la película a hablar heptápodo, y gana las mismas capacidades que Louise, ¿le confiesa a ella las palabras clave porque a su vez ha visto que es lo que haría? Puede ser, porque en el futuro, Louise enseñará a hablar a más gente, universalizando el lenguaje extraterrestre, y por ello dando las capacidades de conocimiento a-temporal a más humanos.

4 Bertrand Russell dixit.

5 Merece la pena conocer los trabajos de David K. Lewis, en especial Sobre la pluralidad de mundos.

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