Albano Cruz
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Sacos y mujeres

No es lo mismo un grano de arroz que un saco. ¿Verdad? ¿A que estamos de acuerdo? Porque parece muy obvio. Un grano de arroz no es un saco de la misma manera que un saco de arroz no es un grano.

Hola, paradoja de sorites. Hola indeterminación. Vamos al pastel.

El ejemplo clásico que se emplea para explicarla es ese precisamente, el de los granos de cereal y el cuándo es o deja de ser un saco (o similar). También se emplea para explicar la dificultad del origen de las propiedades emergentes. Pero el aspecto que me interesa aquí es la del salto categorial. Repaso brevemente la paradoja:

Parte 1: un grano de arroz no hace un saco. Dos tampoco. Tres no marca ninguna diferencia. ¿Y cuatro? ¿Y cinco? ¿Cuántos hacen falta para que sean un saco?

Parte 2: si a un saco de arroz le quito un grano, ¿sigue siendo un saco? ¿Y si le quito dos? ¿Y tres? ¿Cuántos granos de arroz hacen falta para que se deje de considerar un saco?

El problema ya está dispuesto. Y para rematar, tampoco es un problema que podamos abordar desde una perspectiva, o área de la lógica, concreta para resolverlo (si es que es un problema). Contemplar el saco como un conjunto no resuelve la paradoja, ya que la cuantificación de la cantidad de granos requiere de un acuerdo estricto sobre la frontera entre cantidades. Tratar cada grano como una entidad de una estructura mereológica tampoco nos lo aclara. Quizás porque un saco es una entidad/concepto difuso, sin definición estricta, sin significado. Es claramente un acuerdo entre sujetos que señalen al saco. Es una entidad referenciable, y destinataria de un sentido, pero sin un significado preciso.

Porque las definiciones aspiran a eso, a la determinación inequívoca del significado. Algo que un saco no tiene, porque saco nunca será una entidad objetivable del contexto que lo determina como tal. Un saco de granos de arroz es el proceso de considerar el amontonamiento de granos de arroz suficientes. Es esa necesidad de suficiencia donde se muestra claramente la diferencia entre categorías. Saco y grano no son comparables. Como mucho podemos decir que un grano dado pertenece (lógica de conjuntos), o que forma parte de (mereología). Pero en ningún momento podremos sostener una equivalencia entre las entidades. Ni siquiera una relación de necesidad porque encima un saco puede serlo de muchas cosas (lo que sí es objetivable es la disposición que lleva a ser saco).

Como mucho llegamos a decir que un saco es una indicación de un ordenamiento del mundo con un sentido aproximado sobre las relaciones de los elementos que lo componen. Y podemos reconocer un saco, o un grano como integrante del mismo (un grano a 10 Kms de distancia, ¿forma parte del saco?). Es ese sentido compartido lo que convierte al saco en una obviedad,1 que no es más que estar de acuerdo muy fuerte en que pasamos olímpicamente de la paradoja y determinamos lo que es o no como un acuerdo entre nosotros. Pero ni la paradoja desaparece, ni mezclamos la churra del grano con la merina del saco.

Pues ahora, en vez de granos de arroz y sacos, vamos a emplear agresiones a mujeres y la violencia de género. Las implicaciones inmediatas deberían ser evidentes. Para empezar, igual que a nadie se le ocurre (por esa autoevidencia del sentido compartido) discutir que un grano es un saco, a nadie debería ocurrírsele discutir la violencia de género identificándola con un caso particular. De qué es un saco podemos aprender que una agresión a una mujer es un caso de violencia de género cuando la agresión tiene un sentido del que la agresión participa. Como los granos de arroz, una vez se dé una suficiencia, podemos determinar si la agresión es o no un caso de violencia de género. Pero no porque haya una objetivización del mismo, sino porque se manifiesta la participación en el sentido que dota de existencia a la violencia de género misma. Aunque tal participación implica tener que acordar, pretender que sea de otra forma es echar balones fuera.

Además, no por discutir sobre otros granos de arroz el saco deja de ser saco. No por haber granos de arroz a 10 metros, o por haber una judía dentro, el saco deja de ser. Así que discutir sobre la violencia de género (o negarla) pretendiendo para el caso de la discusión la violencia doméstica (por ejemplo dentro de una pareja de hombres), o cuantificar (sumando o restando) casos de agresiones, es pretender dar el salto de categoría entre los granos y el saco. La violencia de género tiene un sentido de sometimiento de la mujer dentro de una estructura de ordenamiento, la patriarcal. Precisamente porque la estructura es patriarcal, esa violencia es ejecutable y el sometimiento se ve dotado de sentido. Y aunque un caso particular no construye la violencia de género de forma determinante, cada agresión a una mujer por parte de un hombre es una instanciación de esa violencia precisamente porque lo pretenda o no el hombre, la estructura que conforma ese sentido de sometimiento lo respalda.

Teniendo ésto en cuenta, los argumentos negacionistas de particularización de casos se quedan en pataletas caprichosas. Sea.

* * *

1 Sobre la indeterminabilidad de lo referenciado (como en casos de la paradoja de sorites) hay que leer a Quine: Inescrutabilidad de la referencia, que mola mil.

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