Albano Cruz
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Fascismo e ilusión

Un rasgo del fascismo es que es ilusionante. Porque promete y provoca fe en una mejora accesible. A través de la demagogia (mal llamada populismo) hace emerger una emocionalidad a la que no nombra. Esa discreción hace de esa manipulación una virtud, porque queda escamoteada. Pero es ilusionar a la masa objetivo. En tromba. Cuando Podemos declara que hay que ilusionar,1 está haciendo explícita esa necesidad imbatible de esperanza que el fascismo usa de forma implícita. Y mientras no haya la posibilidad de hacer (tocar poder), la ilusión son promesas y adelantos que, sin responder a esa necesidad, no van a ningún lado.

Sin embargo la explicitez sobre la creación de emociones (anunciar que vamos a ser ilusionados, o que debemos ilusionarnos) siembra la duda de la insinceridad, y no contrapesa la emoción fascistoide. La retórica fascista se compensa con ilusión contrapuesta del mismo tipo y actos tangibles. La racionalidad del porqué ha de llegar después porque el mundo racional sencillamente no tiene el alcance político de lo emocional. No sin transformarse en ello. La idea racional sólo es emoción una vez asimilada e incorporada a la forma de sentir el mundo. Y eso es lento. Muy lento.

El fascismo toca el alma del destinatario. Cualquier respuesta ha de hacerlo también. Rechazar la Estética como herramienta es un error. Ética y Estética son caras del mismo hecho/acto. La Estética para masas es también su Ética. Y no hay Estética sin acto. Menos manos a la cabeza y más hacer.

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1 Como estrategia de contacto, como táctica de ocupar ese espacio destinatario de la emoción, entre los que está el fascismo.

El hilo en Twitter comienza aquí. El post tiene alguna edición posterior.

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