Albano Cruz
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Metafísica y Poder

Apuntes durante la lectura del ensayo de Byung-Chul Han sobre el poder, en paralelo a algunos textos de Negarastani.

En una teoría metafísica del Poder, acabamos con Dios actualizando el universo para poder ser él (en sí) mismo. Que no está nada mal. Pero corresponde a la concepción del Poder como campo de posibilidades colapsadas. El propio campo. Dios desaparece como figura para pasar a ser el todo, lo que hay. El sentido de lo que hay en que haya lo que es posible que haya. Y la libertad es el correr a que lo haya. No esperar a que lo haya, no ser arrastrado a que lo haya, sino cumplir con que lo haya (perseguir esa voluntad/propósito de Dios).

Es un retorno a Spinoza (ay, Byung-Chul) pero a través de Hegel, haciendo de esa continua redisposición del mundo una carrera hacia lo que ha de ser en vez de ser arrastrado u obligado. La única libertad posible entonces es cumplir esa pre-disposición. O lo que es lo mismo, cumplir la voluntad divina, cumplir la Ley. Es la limitación humana de la ignorancia lo que impide saber si, o cumplir con. Con el poder como malla (y maya), sólo seremos libres para y al cumplir con el Destino. La libertad como obligación.

Cojonudo.

Ahora, aceptemos la premisa. Que sea así. Es precisamente la ignorancia lo que permite la manipulación. Presentar un “destino falso” como “verdadero”. Aquí o TODOS sabemos lo que Dios quiere, o no lo sabe NADIE. No jodamos con el asunto. ¿Por qué? Porque declaraciones del tipo

eres libre para trabajar

se amparan de fondo en ese leitmotif de la libertad es perseguir tu destino:

eres libre para NO escoger trabajar, pero atente a las consecuencias

Y he aquí la posible capacidad expresiva de la rezonificación. La arquitectura es la sublimación de este “tengo razón” cuando se interpreta el susodicho embudo de destinos. El campo del Poder tiene sus valles, sus montañas, su orografía (la psicogeografía como la prehensión de ese paisaje de poder). Es el Poder hecho espacio (y tiempo).

Negar la obligación de trabajar entonces es posible por tres caminos distintos.

  1. La negación total: “NO”. Simple y llana. Que niega la obsesión actual y la obligación impuesta de la demostración o lo racional. El no sin causa, sin excusas también, sin grietas ni debilidades. La negación asertiva. A la vez nihilista que futura.
  2. La ocupación del Trono: ocupando el lugar de Dios el campo de Poder es el propio, el nuestro. Asumir que el Destino es suplantar al Dios inexistente. Que el embudo apunte al Uno que sea nuestro propia ruta en la orografía de partida. Consumar la libertad obligada de asumir que somos el fin del mapa.
  3. Declarar la libertad, a través de la decisión y la inexistencia del futuro, de esa orografía ya predispuesta, como existente. Y hacer(nos)la previa a todo lo demás. Y a tomar por saco. Porque si hemos de decidir desde la ignorancia, esa niebla nos ampara para que lo necesario, lo obligado, lo destinado sea tan inventado como lo demás.

¿Hay que quedarse con una de las tres? ¿Pueden simultanearse? ¿Es reversible estar empeñados en la segunda? ¿Pero qué mierdas es todo ésto?

Ni idea. Me voy a comer profiteroles. Que son croquetas llenas de aire.

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