Albano Cruz
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Elecciones materiales

Rápidos apuntes de apoyo a una conversación en curso. Reflexiones analíticas, y considerando sólo el “hacer elecciones”.

Parece sensato asumir que las elecciones guardan una estrecha relación con lo moral. Al fin y al cabo, en nuestra cultura el vínculo entre elección y responsabilidad es profundo. Para que pueda sernos atribuible una consecuencia, tenemos que haber podido intervernir en el suceso que genera dicha consecuencia, tanto para que suceda como para que no.1

Sin embargo, teniendo en cuenta que los hechos morales son hechos a los que se les añade una calificación, y no son hechos materiales (“reales”), hay que abordar algunas consideraciones en la reflexión sobre los mismos.

Materialidad necesaria

Supongamos que voy a realizar la elección más básica, una elección fundamental, que es elegir entre hacer algo o no hacerlo. Lo fundamental no es realmente hacerlo (el verbo), sino la elección sí/no. Pero dado el desarrollo que vamos a hacer, y que no se puede elegir en vacío, emplearemos una acción para nuestro ejemplo.

Supongamos que esa elección fundamental es o comer chocolate, o no comer chocolate. Que vamos a representar así:

$\{\ C\ \vee\, \neg C\ \}$

Es una elección en exclusión, porque no puedo comer el chocolate a la vez que no lo como. Es una elección con una correspondencia directa con un suceso, y como tal no expresa solamente verdad, sino la actualización del comer chocolate.2

Por definición, para que sea una elección, ambas posibilidades han de poder darse. El decir, tengo que poder comer chocolate, y tengo que también poder no comer chocolate. Veamos.

No hay chocolate

¿Qué sucede cuando no hay chocolate? Voy a la nevera con la intención de comer chocolate, y descubro que no lo hay. He tomado la decisión (o eso creo), me he levantado del sillón, y…

$\{\, \neg C\ \vee\, \neg C\ \}$

el comer chocolate se ha convertido en no comerlo, siendo equivalente a…

$\{\ \neg C\ \}$

Por lo tanto, aunque mi voluntad sea la de comer chocolate, la elección no puede ser actualizada. Se abre la pregunta de si a pesar de desear comer chocolate (algo del dominio del afecto sobre mí mismo) y ser imposible comerlo, el deseo pesa más que la posibilidad material.3 Entran en juego matices, como ese deseo. O el haberlo intentado (he ido hasta la nevera). Sin embargo, cualquier consideración que no trate sólo del acto material de comer chocolate es argumentable como una elección sobre otra cosa. Elegir desearlo, elegir hacer caso al deseo, elegir intentarlo, etc.

Una vez incrementamos el rango de consideraciones sobre aquello que incide, condiciona o determina que haya una elección material abandonamos de facto dicha elección y entramos a considerar otra cosa. Puede que sea inevitable para reflexionar sobre la “Libertad” (con mayúscula), pero no sobre la libertad de.

No hay no chocolate

¿Qué sucede si lo que no hay es que no haya chocolate? No es una pregunta tan enrevesada como parece. Es decir, que haya chocolate siempre. En este caso, la elección podría hacerse. Pero en realidad no estamos pensando sobre si hay o no chocolate, sino si actualizamos la elección, si la realizamos, si la llevamos a cabo. Es decir, que este segundo caso es “estar obligado a comer chocolate” (“no es posible no comer chocolate”). Tendremos esto…

$\{\ C\ \vee\, \neg\neg C\ \}$

que si admitimos $\{\neg\neg C \equiv C\}$ entonces es equivalente a…

$\{\ C\ \vee\ C \}$

que es…

$\{\ C\ \}$

De nuevo la elección se desvanece porque no puede ser actualizada como elección. Sólo como comer chocolate. De nuevo, y como en el caso anterior, la elección como algo material se desvanece.4

Disposición y firmeza

Atendiendo a lo anterior, una elección ha de ser actualizable en cualquiera de sus opciones. Ambos componentes atómicos de la elección (hacer y no hacer “x”) han de ser verdaderos. Por lo tanto, la elección ha de ser firme.5 Si no, no es una elección.

Pero para nosotros como humanos no hay elección en el vacío. Siempre hay un contexto que las afecta. Por lo tanto, podemos extender el requisito de la siguiente manera: una elección lo es cuando la disposición de su contexto hace de la elección una elección firme. O lo que es lo mismo, cuando no hay nada en su contexto que transforme una de las opciones en la otra.

Temporalidad

Tal y como se expone en Realidad y lenguaje sólo existe la actualización del suceso. Por lo tanto la elección sólo lo es en el momento de su realización, de su ejecución. Esto nos impone una limitación que aquí llamaremos de conocimiento. Dada la imposibilidad de la aprehensión total del universo en la actualización de la elección, nos es imposible saber si la elección que se ejecuta es firme o no. ¿Qué nos queda? La reflexión sobre la elección, la reflexión sobre la creencia de firmeza de una elección actualizada (o por actualizar).

Dicho más sencillo: ante la ignorancia sobre todo lo que afecta al acto de elegir en el momento de elegir, sólo podemos justificar que tal elección era/será firme.6

Esto envuelve la materialidad de la elección en un asunto social. ¿Justificar ante quién o quiénes? ¿Justificar cómo, con qué método?

Se abre una cuestión interesante. Podríamos encontrarnos con elecciones firmes injustificables. O con elecciones justificadas a pesar de precisamente no ser firmes.

Monotonicidad

Al saltar al campo de la justificación, aparece la tercera consideración.

Si admitimos la justificación de una elección como un asunto social hemos pasado a movernos en el terreno de lo moral.7 Y salvo que encontráramos un lenguaje formal universal capaz de comprehender el contexto por entero que interviene en la actualización de una elección, nos vamos a encontrar con el “problema” de la monotonicidad.

Es monotónico

Un sistema (o una conclusión, o una lógica, o una argumentación, o…) es monotónico cuando el desenlace/resultado del mismo no varía a pesar de sí variar las condiciones de partida. En términos de razonamientos, un agumento es monotónico si aunque incluya más premisas de partida, la conclusión es la misma. Si comenzamos con…

1. Si llueve, el suelo se moja.
2. Llueve.
3. Por lo tanto, el suelo se moja.

y añadimos “estoy leyendo un libro” de tal manera que…

1a. Si llueve, el suelo se moja.
1b. Estoy leyendo un libro.
2. Llueve.
3. Por lo tanto, el suelo se moja.

obtenemos un sistema monotónico. Que añada mi lectura de verano no afecta a la conclusión. Matizando un poco más, la premisa añadida no tiene por qué parecer “desconectada” de las otras. Por ejemplo…

1a. Si llueve, el suelo se moja.
1b. Si llueve, llueve sangre.
2. Llueve.
3. Por lo tanto, el suelo se moja.
4. Por lo tanto, llueve sangre.

El sistema sigue siendo monotónico porque no hemos reducido la cantidad de conclusiones, o alterado la conclusión original. El suelo sigue mojándose, aunque ahora sea de sangre.

Formalizándolo, podríamos resumirlo de la siguiente manera…

1. $\{ P_1 \rightarrow Q_1 \}$
2. $\{P_1, P_2, \dots, P_n\} \rightarrow \{ Q_1, Q_2, \dots, Q_m \}$

Que quiere decir que si añadimos más premisas, puede que incrementemos las conclusiones, pero ninguna de las conclusiones se verá alterada.

No es monotónico

Pues bien, no monotónico es lo contrario. Nos lo encontramos cuando al añadir una premisa (o punto de partida, o…) las conclusiones cambian. Expresado de manera simple se puede reflejar como…

1. $\{ P_1 \rightarrow Q_1 \}$
2. $\{P_1, P_2, \dots, P_n\} \rightarrow \{ \neg Q_1, \dots\}$

Y esto mismo le pasa a la consideración sobre si algo es una elección o no, al tratarse de una justificación:

1. $\{ D \} \rightarrow \{\ C\ \vee\, \neg C\ \}$
2. $\{ D, G \} \rightarrow \{\ \neg C\ \vee\, \neg C\ \}$

Que podría significar…

1. Si deseo ($D$) chocolate, entonces como ($C$) o no como ($\neg C$) chocolate.
2. Si deseo chocolate, y además el gato ($G$) se lo ha comido, entonces no como chocolate.

Una casa con un gato cuyo instinto le lleva a comer chocolate es un sistema no monotónico (siempre y cuando me olvide de incluirlo en mi planificación).

A pesar de lo humorístico que pueda parecer el ejemplo, la estructura general es válida, y no sólo para introducción de premisas con un obvio efecto sobre lo material (el gato se come el chocolate). También entran en juego consideraciones como el conocimiento sobre el sistema. Un ejemplo clásico sería el siguiente:

a.- Una persona es atacada en un callejón oscuro.
b.- Atacante y atacado portan un arma de fuego cada uno.
c.- Temiendo por su vida, el atacado dispara primero y mata al atacante.
d.- El atacante portaba un arma realista de juguete.

Si en nuestras consideraciones no contamos con (d) podemos concluir que el atacado tuvo elección. Sin embargo, si pasamos a incluir (d) podemos concluir lo contrario, que no la tuvo.

Un sistema no monotónico permite una conclusión distinta a la inicialmente obtenida, a la luz de nuevas premisas. Y, nos guste o no, la consideración sobre la moralidad de un suceso es no monotónica.

Conspiranoias

Un ejemplo muy bueno para comprender las implicaciones de las diferencias entre un sistema monotónico y uno que no lo es, es la alteración de las reglas del juego que se dan cuando se introducen premisas de corte absoluto. Como por ejemplo…

Qué vas a decir, siendo parte interesada.

Esta premisa convierte las respuestas del interlocutor objeto de la misma en respuestas sesgadas (y/o “falsas”), con independencia de cualquier otra premisa. Convierte un debate, en teoría algo abierto, en un sistema monotónico. O a un testigo en alguien no confiable.

La elección como acuerdo

Viendo todo lo anterior, que algo sea o no una elección tiene dos componentes:

I. La percepción de realizar una elección en el momento de su actualización, y
II. la calificación de un suceso como una elección.

Mientras que la percepción de una elección (sea propia o de otra entidad), está sujeta a las condiciones de ignorancia a los que están sujetos tantos otros sucesos materiales,8 la calificación de un suceso como una elección es un proceso social, fundamentable y no monotónico.

Se coloca entonces el foco no sobre si podemos hacer elecciones o no, sino si podemos convencernos (o aceptarnos) de ser entidades que realizan elecciones. Puede que necesitemos sentirnos con capacidad de elegir, aunque al final ninguna elección sea firme.

1 Esta es la idea del control, de la necesidad del poder, desarrollada por Carl Ginet a principios de la década de los 60 del pasado siglo.

2 Esta elección cumple la regla del tercero en exclusión. No es posible que se den las dos opciones a la vez. Si lo fuera, la elección tendría tres resultados, siendo el tercero comer-y-no-comer. Como tal tercera posibilidad está excluida, cumple la regla del tercero en exclusión.

3 Esta sería la perspetiva de Harry Frankfurt, en la que las decisiones y su relación con la libertad reside en el deseo y la voluntad, y no en la materialización.

4 El instinto de un gato le hace no poder no cazar una pelota que se mueva rápido y con ruidos de ratón. No puede evitarlo en el sentido más estricto. Luego un gato no elige cazar la pelota. Ésto, que también es argumentable para las adicciones, es lo que lleva a H. Frankfurt a centrar sus razonamientos sobre la intención.

5 Que sería la traducción al español del concepto lógico de sound en inglés.

6 La declaración de “libertad” nunca opera sobre el suceso, sino sobre nuestra percepción o descripción acerca del suceso.

7 Lo moral entendido como político, como público (no hay nada más público que el lenguaje). De hecho, un lenguaje formal sólo lo es si es público. Un lenguaje formal es moral tanto en cuanto es un ordenamiento consensuado.

8 Ay, Libet.

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